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Las consecuencias del conocimiento.


La suerte de tener un espíritu crítico o una serie de inquietudes es que éstas nos empujan fuera de la comodidad de nuestras propias ideas y nos hace aventurarnos dentro de otras, nos lleva a leer, a preguntar, a buscar en otros con más formación o sabiduría en diversos campos respuestas a esas preguntas, a las cuales, nuestras propias respuestas no satisfacen, porque en algún momento del camino abandonamos el orgullo, para poderle hacer hueco a la experiencia. Una experiencia a la que le dimos el valor del  conocimiento, sin importar en demasía  de donde proviniese éste, con tal de que su credibilidad estuviese avalada por cierta verdad que no estuviese bañada por ningún tipo de egocentrismo, irracionabilidad o mero interés.
Desde las enseñanzas vitales de aquellos con muchos años más que nosotros en el camino de la vida,  historias y anécdotas impregnadas de vida, hasta las letras impresas donde esconden pudorosamente muchos el rostro  y aun así no sienten vergüenza de exponernos  su alma en completa desnudez, libros llenos de fórmulas que más parecen auténticos grimorios que libros de texto y personas que han aprendido a explicarlos y que sienten la misma satisfacción en enseñarnos su significado como nosotros en aprenderlos.  Historias comunes que no son televisadas y que no han pasado por ningún filtro de censura ni buscan audiencia más allá de nuestros oídos e historias extraordinarias, metáforas que nos empujan a mirar dentro de las palabras como si cada carácter encerrara en su trazo una nueva frase e historias tan crudas que nos dejan con la impresión de haberlas vivido nosotros. 
Y así toda nuestra vida.
Desde que empezamos a descubrir mentiras, ya fuesen estas construidas por la tradición,  por el equívoco conformista o por la piedad de la condescendencia, siempre nos hemos preguntado que hay tras ellas, que misterioso tesoro necesita un mapa tan laberíntico donde habitualmente es tan fácil perderse. Y hemos buscado,  nos hemos preguntado y hemos preguntado a otros por las señales del camino, tan solo con una firma convicción; ir más allá de nuestro propio conocimiento, porque solo hiendo más allá de nuestra propia perspectiva podemos ver mejor el bosque.
Muchas veces hemos tirado muros de la fortaleza de nuestro ego, para poder ampliar la biblioteca de este palacio al que llamamos mente, hemos preferido exponer nuestra ignorancia para acercarnos a la sabiduría, con solo el escudo de lo que ya llevamos aprendido para defendernos de la ignorancia, ya sea real o fingida con diversos propósitos, de los demás.
No se es más sabio por saber más, se es más sabio por querer saber más, por evadir con cada nuevo paso, el recuerdo del paso dejado atrás, por no encadenarnos a un poste para dar círculos sobre una misma idea, sino por tener el valor de romper las cadenas y, aun sin rumbo,  atrevernos a  andar siempre en otra dirección.
Esas son las consecuencias del conocimiento, no etiquetar lo conocido nunca como convicción, no enjaular jamás nuestra mente en el miedo de estar equivocados y por ello cantar alegremente en la jaula de nuestro ego,  el mejor silencio precede al oído atento, a la vista agudizada y, en definitiva; a querer aprender más allá de lo ya aprendido. 

Pasión

Es difícil mantener la pasión sobre algo cuando ese algo se desmitifica lentamente, cuando abrir una puerta encajada no lleva consigo otra puerta sino una habitación vacía, austera y en cierta forma estéril en sus escasos metros cuadrados, de otra cosa que no sea la mera desilusión de no haber en ella, ninguna otra cosa que un estructurado vacío.

Hay algunas personas que hacen de esa búsqueda la razón de su existencia, personas que en un algún momento de sus inicios se entonaron así mismos un “¿por qué?”, que se convertiría en la banda sonora de esa película que llaman vida, donde a la vez ellos sería actores y público, escenario y atrezo.

La pasión, auténtico combustible del motor de nuestra realidad, como todo carburante, tiende a quemarse, a desaparecer con el kilometraje y por desgracia no existe energía alternativa a esta, perder la pasión es, de alguna forma, estancarse en algún tramo del viaje.

Todo viaje necesita cierta preparación, en todo viaje tenemos cierta probabilidad de perdernos, en todo viaje necesitamos un alto para descansar, mientras más largo sea dicho trayecto, mas paradas tendremos, en mas lugares deberemos abastecernos para poder seguir nuestro propio camino.

Cuando la pasión desaparece y nos deja estancados a medio camino hacia ninguna parte, es de sentido común acampar y tomarnos un tiempo en medir las posibilidades, planificar nuevas rutas y sobre todo tomar conciencia del camino ya recorrido y ver que pese a que aun no vemos hacia dónde vamos, si ver de dónde venimos y es quizás ese lugar, al que llamamos inicio el que de alguna forma pueda indicarnos donde debemos escarbar en busca de nuevo carburante, de nueva pasión con la que volver a lanzarnos a ese camino incierto, de exploración y de posibles vacíos que nos espera.

Porque solo mirando hacia atrás podemos enfrentarnos a un nuevo delante con la pasión necesaria para seguir caminando y descubrir nuevas estancias, que pese a estar vacías en esencia, llenamos nosotros, una vez nos hemos atrevido a entrar en ellas.

“Caminante, se hace camino al andar, y cuando el camino es escabroso, es necesario y vital, saber hacer un reposo, para mantener la fuerza en tu caminar."

Perderse para encontrarse

Dicen que solo perdiéndonos podemos lograr encontrarnos, y eso ando haciendo durante un tiempo, perdiéndome, intentando encontrar esa parte de mí que necesitaba últimamente dado que estos tiempos tan duros requieren de cierta evasión personal para no dejarnos derrumbar por las circunstancias. Pero dos años en desempleo, salvo ciertos trabajos demasiado esporádicos, hacen que nuestra cabeza disponga de mucho tiempo para pensar, y evitar caer en el pesimismo es lo más necesario si queremos evitar un mayor agobio a nivel personal, porque la frustración resulta imposible de evitar.
Vivimos en tiempos de frustración muchos de nosotros, donde no logramos encontrar una forma de sentirnos útiles, de sentirnos realizados o de encontrar nuestro lugar ante tanto caos. Nos sentimos abandonados, alejados de la frontera de la estabilidad que ofrece un puesto de trabajo, haciendo malabarismos con tal de no caer en la completa ruina, ya no solo económica, sino personal.
Si el trabajo dignifica al hombre, ¿se es indigno por no tenerlo?, no, la dignidad no tiene nada que ver con eso, aunque por desgracia, si existe cierto sentimiento de vergüenza interior que nos cuesta alejar cada vez más con el paso del tiempo si la situación no solo no mejora, sino va empeorando.
Es en ese tiempo cuando las inseguridades se fortalecen y debemos luchar contra ellas para que no nos venzan, aunque siempre terminemos en empate. Recuperar ciertas inquietudes, atrevernos con nuevos proyectos, incluso dar vueltas en círculo con tal de no estar parado, porque lo que tiende a estar parado tiende a la putrefacción, la vida necesita movimiento, como los engranajes mecánicos, si no nos oxidamos, nos estropeamos en todas nuestras facetas.

De ahí este tan necesario post, para mandar dos mensajes, uno a vosotros y otro a mí mismo, reafirmándome en estas creencias, en estos principios de no dejarme llevar por las malas rachas, aunque duren tanto tiempo, de decirme a mí mismo que no me refugie en la esperanza sino en la fuerza de las convicciones, de no dejar de luchar por mucho que la derrota se aproxime, y en cierta forma que este mensaje que me mando pueda llegarle a otros que pasan por aquí en mi situación, la fuerza para superarse no nace de apretones de mano ni de abrazos distantes, no se encuentra en las palabras de ánimos que nos digan nuestros amigos o familiares, no se encuentra en la esperanza ni en la espera de que Dios haga algo para resolver nuestro estado.

La fuerza para seguir adelante pase lo que pase esta en nosotros mismos, y a veces debemos perdernos para lograr encontrarla, puesto que al fin y al cabo solo se trata de hallarnos a nosotros mismos por el camino y descubrir que estamos hechos de algo más fuerte que aquellos que creíamos ser.

Al final como al principio, aunque toda ayuda se agradezca, aunque toda compañía sea útil, solo nosotros podemos luchar nuestras propias batallas.

A los llenos de heridas...

Venderías tu alma al diablo si tus recuerdos borrase, si una de tus noches fuera tranquila sin el llanto del pasado, pero ingenuo de ti, que no se puede vender aquello que no te pertenece.

Rotulaste hace siglos, con la sangre de tus venas, tu firma en un papel maldito, donde juraste por escrito que el resto de tu vida la tributarías al olvido. Y tu espíritu cansado del viaje del destino, ya no llora por estar herido ni se escabulle por los rincones, eres una sombra fugaz de aquello que está perdido y aun así aspira, por las noches, a una vida con sentido.

El infierno es una cantinela que te susurra en el silencio, las rimas de los recuerdos, tejidos en un suspiro, cuando llegues al final de tu viaje hace mucho que te habrás ido. Echas de menos la sangre, de tus heridas abiertas brotar, recordando que aun vive aquello que suele sangrar, solo el aliento frío en tu boca que sedienta está, te lleva a leer estas frases…. a intentarlas conjurar.

Llama al olvido humano, que el húmedo aroma de la muerte se lleve consigo el recuerdo de la húmeda vida que dejaste atrás. Plena existencia es aquella que saborea fracaso tras fracaso, pues en el sabor de la derrota es donde yace el auténtico triunfo, pues solo el que conoce la victoria no sabrá jamás lo que significa ésta.

Morir cada noche, y sin embargo nacer cada día, caer para levantarse, el sinsentido de los pasos al azar, mientras el reloj de arena apura los últimos granos… no es tu camino, sino que tú mismo eres el camino.

Y recuerda con cada lágrima en silencio, una frase en otros lados leída:

“El dolor es el mensajero de una gloria llena de heridas”

Soñar

Me gusta soñar, creo que es lo mejor de ser humano, el don de soñar, y con ello no me refiero a soñar despierto (que también) si no a esa amalgama de fantasías, terrores y deseos inconscientes que se reflejan en nuestra mente cuando cae el telón de la oscuridad y nuestros ojos se cierran al paréntesis de la noche.

Soy un adicto al sueño, a poder “vivir” incluso cuando parece que no estoy vivo, a ser quien yo quiera incluso cuando no sé quién voy a ser, desprenderme de todo y empezar cada noche siendo otro sin saber que me espera, algo mucho mejor que cualquier videojuego o cualquier libro, y sin embargo se que cada cosa que leo, siento o pienso en mi vida real es la semilla que incuba mi mente y que florece con una corta vida en cada una de mis noches.

He visto cosas en sueños que se que jamás veré en la vida real, sentido cosas que nunca sentiré estando despierto, sin embargo de igual forma se que ninguna de mis existencias tiene sentido sin la otra, aunque a menudo no se cual es el alter ego si la del día o la de la noche, lo que si se sin embargo es que lo que soy de día se ve influenciado por aquello que vivo de noche… o quizás sea al revés.

El poder de la imaginación no conoce límites y es solo éste el único capaz de hacernos aguantar a algunos todo el peso de la realidad que a veces recae en nosotros. Somos afortunados por soñar, sin duda alguna.

En la caja (microrelato)

Me cuesta recordar, mirar atrás, porque me cuesta enfrentarme a demasiadas batallas perdidas, a demasiada ingenuidad, tanta, que como norma me avergüenzo de cada letra que he vertido en el silencio. Hubo un tiempo quizás en que aparentaba más de lo que era y ahora me gusta esconderme en oscuros rincones silentes, donde no cante la luz ni brille ningún sonido.
Divago, con cada nota, más palabras sin sentido, más metáforas inventadas sobre la marcha de un pie que no sigue a ningún otro pie. Porque siempre andaré solo, y en mi soledad es donde únicamente encuentro la respuesta a la unión de tantos yos que forman uno solo.
No soy quien crees que soy, porque no soy quien quiero ser, y sin ser siendo lo que creo ser, sigo siendo el mismo de siempre, y mis yos jugando en el recreo de mi soledad conjugan el verbo de lo que una vez fui y no recuerdo y de aquello en lo que me convertiré sin quererlo.
Un puzle, un laberinto, un vacío repleto de silencio que se muerde así mismo para alimentar su propia espiral de derrotas… y el espejo sigue sin devolverme el saludo...
Qué fácil sería entenderme si estuvieras dentro de esta cáscara, donde la cordura se pierde y solo queda la verdad sin sentido que aúlla en tantos rincones oscuros.
Echaría de menos la simpleza si ésta no fuera tan aburrida, y el eco dentro de mí no me devolviera tantas preguntas cuya única respuesta siempre será… algún día…algún día… algún día…

Derrota

Es difícil reconocer los errores, sobre todo cuando eso lleva implícito el saberse derrotado, y quizás sea esa la peor derrota de todas, la del desengaño. No es malo equivocarse, es malo vivir equivocado, una pérdida de tiempo sustancialmente valerosa, por desgracia aun es más difícil ser consciente del error.
Las decisiones es lo que tiene.
Trazar nuestro propio camino necesita de convicciones, de pautas que nosotros mismos creamos, de afán de aventura, pero no siempre eso significa que el camino lleve a algún sitio.
De hecho la mayoría de las veces andamos perdidos.
Algunas personas son diferentes, pero eso no significa que marquen la diferencia, sino más bien la excepción que no hace más que confirmar la regla; “no se puede nadar eternamente contracorriente”. La ilusión de un destino a veces ciega el sentido de la realidad, y la realidad no siempre es un punto de vista.
No hay revolución que no haya sido permitida, ni genio al que no se le haya allanado el camino, las grandes ideas sucumben al poder de la oportunidad, del mero azar del aquí y el ahora.
Pintamos garabatos sin sentido cuando se trata de darle sentido a todo, porque que carezca de él es demasiado obvio.
Rendirse hoy nos da la oportunidad de luchar mañana.

Adoctrinamiento y dogmas.

Desde el inicio de nuestra historia unos pocos han intentado dominar a muchos, y en términos generales, casi siempre lo han conseguido, eso es el poder.
El ser humano posee una serie de carencias innatas, quizás estén escritas en nuestro código genético, pero la que tiene un mayor peso en nuestro existencia es el sentido de mortalidad que vamos desarrollando cada vez más a medida que tomamos conciencia de él. Esto nos va creando un vacío interno que intentamos llenar, anestesiar con diferentes doctrinas.
Una doctrina se convierte en nuestro mapa vital, existencial, carecer de él es estar constantemente a la deriva, todos somos náufragos en este mar, aferrados a cualquier cosa que flote.
Dogma.
Si una doctrina es el mapa, los dogmas son la necesaria brújula que nos indica el rumbo a seguir dentro de ese esquema que nos han dibujado. Mandamientos que solo pueden romper aquellos que los crearon, surtido de frases a modo de mantra repetitivo que pese a no entender, se asumen y siguen. Señales en el camino, destinadas a que no nos perdamos o seamos conscientes de caminos alternativos. El dogma es el hechizo que mantiene encerrado el don de la autodeterminación y lo convierte en pecado.
Graso error es pensar que cuando hablamos de doctrinas solo hablamos de religión, el ser humano evoluciona y de la misma manera también evoluciona los métodos para que unos nos dominen a otros. Si un dios cae, otro tomará su lugar, porque el ser humano es capaz de aprender muchas cosas, pero parece condenado a creer en cualquier cosa menos en él mismo. El vacío no puede llenarse a sí mismo.
Vivir sin creencias es imposible, todos necesitamos creer, e incluso el hecho de no creer se convierte en una brújula más, donde el rumbo a seguir es la satisfacción personal. Diferentes cárceles para el mismo reo, y el mismo tiempo de condena.
Hay algo perdido que nos empecinamos en buscar fuera de casa y no caemos en la cuenta de que quizás ese objeto lo hayamos dejado depositado en nuestra mesita de noche, donde más cerca está de ser solo un suvenir de nuestros sueños, un nombre olvidado en la punta de nuestra lengua, el cual está ahí pero no logramos recordar.
La mejor forma de hallar la verdad quizás sea tan solo poder conocer las mentiras.

Lo que nos define.

Llevo unos días dándole vueltas (solo y acompañado) a ciertas cosas que me preocupan, y que son dignas de preocupación, para todos los que sabemos que navegamos en un barco llamado vida y que el rumbo demasiadas veces es desconocido, por muchas cartas de navegación que atesoremos junto a nuestra bitácora.
La brújula de la que alardeamos, demasiadas veces, se vuelve loca, quién sabe si por causa de tanto campo magnético que nos rodea, siempre intentando tirar de nosotros hacia tanta tierra segura que siempre acaba siendo un banco de algas flotante, o quizás sea el llevar tanto tiempo sin sentirnos parte de algo el que nos aventura a veces a apostar nuestro futuro en cualquier dirección que se asemeje a un recuerdo de alguna tierra soñada.
Pero todo es más complicado cuando se lleva en el interior cierta semilla de fe, cierta convicción íntima y privada en que hay algo más para los que no abandonan el barco, aunque a veces el riesgo que se corre es ahogarse en alta mar.
¿Qué nos define?, ¿nuestro orgullo autodestructivo por no bajar la cabeza, por no querer dejar nuestro destino en manos de la marea y del viento?
Quizás lo que nos defina sea una sucesión de antónimos y esa lucha interna se convierta en la mejor definición que se nos pueda otorgar. Como la vieja paradoja de que nuestra propia imperfección nos convierte en perfectos, el mayor don de nuestra especie se basa en una elección, y en ella basamos todo lo demás. Elegimos luchar, elegimos acobardarnos en nuestro conformismo, gritar en silencio y ahogar nuestros derechos en la falsa seguridad o elegimos perderlo todo, incluso a veces la cordura, con tal de ser fieles a esa elección.
La elección nos define; no hay diferencias, ni razas, ni grandes pensadores ni artistas, no hay pueblo llano, ni mendigo, ni criminales, ni santos, ni vírgenes suicidas, ni rebeliones, ni guerras, ni paz, ni hambre… solo hay una elección, y no tomarla forma parte de ella.
Cada cual hace la suya, se define a sí mismo, se convierte en individuo y empieza el camino que definirá su existencia, no para otros, si no para él mismo, y su elección siempre afectará las elecciones de los demás, porque al final nunca hemos dejado de ser tripulantes del mismo barco. Nadie puede huir de su elección, ni esconderse, ni renegar, como tampoco podemos hacerlo de nuestra definición más acertada, simple y nietzscheniana; humanos, demasiado humanos.

Feliz 2010 y hasta el año que viene.

Pues nada, abro el clásico post de felicitaciones para los seguidores (sean fieles, infieles o herejes) y los anónimos y clandestinos lectores ocasionales que se pasan por aquí atraídos por el morbo de ver otro blog perdido en éste océano llamado internet, desde la oscuridad os deseo a todos un feliz comienzo de año, y que sigais con vuestras propias luchas con más fuerza y ánimo, sin desfallecer, un año más. Ha sido un año duro para muchos de nosotros, así que espero todo mejore este año, y si no es posible, al menos que no vaya a peor, eso sí, nos seguiremos leyendo, apoyando, criticando, tomandonos un café o realizando proyectos imposibles por muy mal que vaya la cosa, porque como ya he dicho en veces anteriores, caminar en círculos suele ser mucho mejor que estar parado, ya que aunque en ninguno de los dos casos lleguemos a nigun sitio, al menos con el paseo nos entretenemos.
Os veo el año que viene, como siempre, en esta tumba en el olvido que cada año recuerda más gente.

El juego de la Verdad.

Antiguamente existía una herra- mienta muy útil para los que buscamos verdades escondidas, como todo lo que está escondido teníamos que bucear y bucear entre palabras, buscando aprender a nadar por nosotros mismos gracias a las brazadas que otros dieron antes, esas herramientas se conocían por el nombre de libros.
Éstos nos mostraban a veces que la verdad no era otra cosa que una ilusión reflejada en un espejo donde nosotros éramos un cristal opaco, que absorbía palabras de otros, porque las palabras eran conocimiento, un conocimiento que se reflejaría años después de la primera lectura, y al que empezamos a denominar como sentido común. Un sentido universal, y como universal que era, ecléctico y lleno de matices y de sabores dispares. Donde debíamos montar nuestra concepción de la verdad a base de piezas de un puzle donde nuestras propias palabras determinarían el resultado final. A ese puzle le llamamos camino y al marco que lo encuadraba, vida.
Conocedores del hecho de que la verdad era una tremenda bromista, sabíamos que en el momento de dar por cierto algo, la verdad mutaba a mentira y se reía de nosotros, porque el juego de buscarla era mucho más divertido que el hecho de encontrarla, encontrar la verdad era tan aburrido que la despreciábamos por tener un sabor tan alejado de lo que esperábamos en nuestro paladar.
Con el paso de los años descubríamos que nuestra compañera de juegos tenía más de fulana que de inocente y que por su propia naturaleza era demasiado voluble como para ser fiel a uno solo. La confundimos demasiado a menudo, y nos confundimos notros mismos, porque hasta bastante tiempo después de emprender el camino o el juego de buscarla, no nos dimos cuenta de que éramos tres en el juego, nosotros, la verdad y, su hermana gemela, la mentira.
El puzle empezaba a desencajar, porque hubo un momento en el que guiados por el afán de luchar contra el tiempo, a la fuerza, colocamos piezas donde no eran, y la presionamos con tanta fuerza que logramos que momentáneamente encajaran, pero el tiempo, que no tiene prisa como nosotros, pone cada cosa en su lugar sin importarle demasiado cuando hacerlo, y si en ese acto deshace el puzle entero, inexorablemente, lo hace.
Es por ello que incluso hoy siguen siendo necesarias esas herramientas primigenias para algunos, porque el juego no termina hasta que el tiempo se acaba, porque buscar la verdad no significa necesariamente encontrarla, pero aun así sigue siendo divertido, por muchos puzles que tengan que deshacerse y por muchos caminos que hayan de ser iniciados desde cero otra vez.
Sin embargo sí que se saca algo en claro de estas herramientas llamadas libros y compañeros del juego, nos indican desde sus estantes olvidados que por encima de la importancia que le podamos dar al puzle, siempre será el marco lo que lo sostenga.

Revelación

Recuerdo como nos contaban esa vieja historia, casi con lágrimas en los ojos, los más ancianos del lugar, sobrevivientes de aquella época siniestra.

Relataban como las madres depositaban las cenizas de sus propios hijos formando una escalera hacia el cielo, creyendo que con ello estarían más cerca de Dios.

Abandonadas ya de cualquier sentimiento de odio, miedo o esperanza, intentaban darle un sentido a sus muertes puesto que sus vidas no habían tenido ninguno.
Nacían para morir, y el trayecto entre estos dos puntos a veces era tan cercano que solo los diferenciaba una respiración.
Aquello merecía ser recordado, y que el recuerdo fuera el epitafio de aquella escalera fúnebre, sin embargo pronto se olvido todo, porque los únicos capaces de recordar son solo aquellos que vivieron lo suficiente como para hacernos partícipes de lo sucedido, no con palabras, sino con aquella mirada perdida y vacía de odio, miedo o esperanza.
Yo he visto esa escalera, he tenido en mis manos, susurrándole a mis dedos las cenizas de esos emigrantes de la vida tan tempranos.
Y he mirado el mundo, y he sentido terror tras despertarme de este sueño, porque todos habían olvidado.

Cazando ideas. El autodidacta.

Las ideas no nacen, se cazan, y para ello uno ha de adentrarse en el mundo de las ideas de Platón, pasar a esa dimensión donde fluye todo lo que se escapa al mundo visible y tener el suficiente valor como para no huir o terminar loco ante tal vorágine de conceptos abstractos que nos rodean. Algunos llaman inspiración al sencillo hecho del nacimiento o captación de una de esas ideas al vuelo, pero lo cierto es que se trata más de un acto de pura cacería donde la estrategia definida a priori no es otra que el esfuerzo en apuntar bien sobre nuestra presa.
Para crear hace falta cimientos, y dicha base se obtiene del conocimiento y de la experiencia. De la misma manera en que un albañil sin ladrillos no es nada, el que no puedan existir poetas sin vocabulario es un axioma y que para hacer fuego se necesita siempre un material inflamable y una chispa, un creativo necesita un amplio abanico de conocimientos sobre el mundo de las ideas si quiere cazar alguna.
Un creativo crea, indudablemente, pero no es un mago, no se crea a partir de la nada, no es labor humana, o como dirían por aquí donde no hay no hay ná que rascar.
El conocimiento medido con datos académicos es un baremo, no un juicio, el autodidacta es el conocedor absoluto de la libertad creativa, porque no tiene límites ni miedos, no engendra ningún parásito de servilismo a ninguna doctrina establecida por otros con miras más cortas y provee al mundo de un aire fresco sin embotellar en cápsulas de tradicionalismo, se sirve de todo porque todo le alimenta, su paladar es menos exigente por lo que puede degustar nuevos sabores. Todo el mundo es libre de ser autodidacta, porque el término en si encierra el mayor secreto de todos “se aprende por uno mismo”, se es el libro en blanco que se escribe con letras de colores pero sigue manteniendo el orden en sus páginas.
Todo escritor, antes de escribir es un lector voraz. El ojo maneja la mano de cualquier dibujante, mientras más amplia sea su visión más definido será su trazo. No se es un trozo de papel enmarcado, se es aquello que te define como persona, como dirían lo X-Men (del comic, claro) se nos conoce por nuestros actos.
Si cuando respiras tus pulmones se llenan de aire ¿por qué cuando se piensa no debería de llenarse tu mente de ideas? La mente debe respirar y como los pulmones es un acto instintivo, desde que naces estas respirando y desde que tu mente se hace consciente de sí misma absorbe, respira, caza en esa dimensión llamada el mundo de las ideas, y con cada nuevo día el terreno se expande un poco más.
Te enseñarán a leer, pero tú elegirás el libro.
Nunca limites tu potencial dentro un marco en la pared, ni siquiera dentro de una casa, no encarceles tu realización personal dentro de un sueldo, ni arriesgues todo por el poco, el conformismo es la llave de la felicidad para muchos, porque es el nombre de una cárcel muy bien acomodada.
Defínete no por tus ambiciones, sino por tus aspiraciones, no por tradición sino por vocación, da un paso que te aleje del sistema para acercarte más a las personas que lo forman.
Buena cacería.

Equilibrio.

Cuando la marea baja es porque en algun otro lugar sube, cuando cae la noche es porque se alza el día en otro extremo. La consecuencia de que un lado de la balanza sea atraido por la gravedad es que el otro lado aspira a desprenderse de ella.
El equilibrio es un acto hermoso y horrible a la vez. Creer a veces en ciertas cosas no es un acto de fe sino de la lógica de la experiencia. La espera a veces merece la pena y el fruto a veces crece dulce.
Equilibrio no es el punto intermedio, no consiste en neutralidad sino en tener conocimiento de los extremos y aprender a vivir con ellos. Un libro en blanco no es el conocimiento sino el sustento donde escribir éste.
Vivir en la oscuridad es sinónimo de saber que existe luz, y la luz siempre encuentra rendijas por donde entrar, tarde o temprano. En las cárceles siempre hay ventanas, como en los malos momentos, no es cuestión de esperanza, es cuestión de saber observar, de saber mirar que no ver, de ser analítico con nuestras propias condiciones y del medio, de buscar.
Doy gracias por ser partícipe del equilibrio, aunque mi lado siempre este en sombras.

Querido pasado (una carta a la nostalgia).

Sé que hace mucho que no te visito, aun más que no te escribo, por eso hoy he querido hacer un esfuerzo, sacando tiempo de dónde no tengo y ganas donde no las hay para dedicarte unas palabras.

Como bien sabes siempre he tenido el serio problema de poseer una educación anticuada, y callar en muchas ocasiones pareciendo tímido cuando mi boca la sellaba la prudencia. Con el paso de los años, la prudencia ha ido nivelándose con la frustración de saberse en lo cierto cuando los demás están equivocados, y aun a pesar de parecer con ello vanidoso o ególatra he dejado escapar en muchas ocasiones aquello que necesitaba ser dicho y era oscurecido por las apariencias. Así en el corto espacio de media vida he pasado de ser tímido a convertirme en una persona agresiva verbalmente para algunos y para otros en una especie de vidente. Siendo completamente sincero, como tú bien sabes, me he disfrazado con el paso de los años en un sombra, la mayoría de las veces solo reconocida con las personas más allegadas, las cuales han catalogado mi visión sobre el mundo con la denominación de sentido común, algo por lo que veo actualmente poco valorado y una herramienta fundamental en mi día a día.
Con este pequeño epílogo quería recordarte, querido pasado, que con el curso del tiempo he ido cambiando, que ya no soy aquella persona, tan complicada que era antes, y en cierta forma tan olvidada ya, tanto por ti como por mí mismo.
Sé que tus intenciones al volver, son guiadas por la nostalgia de aquel que fui una vez, de un amigo que tenía mucho de hermano, por eso hoy escribo esta carta como una excusa para intentar recordar eso que aún recuerdas de mí. Muchos pasados han vuelto últimamente ha saludarme, tantos que parece que una vez importé a alguien, aunque ninguno éramos conscientes de esa importancia tardía. No repruebo tus intenciones, ni de antes ni de ahora, como bien sabes hay cosas que no cambian jamás, y nunca he sido rencoroso, vengativo aun menos, aunque estas cualidades ciertamente hubiesen hecho mi vida más sencilla, preferí el camino difícil de ser quién creo ser, antes de convertirme en lo que la vida hubiese querido que fuese.
Perdona si no puedo recordar todos los detalles de aquella vida, pero con el tiempo, mi mente ha ido guardando recuerdos en el sótano de mi memoria, y cuando se quedo sin etiquetas, sencillamente las fue apilando en un rincón.
Hay veces en las que mi imaginación vuela, y se posa en una alta montaña a contemplar el paisaje de los años pasados, y los ve como una gran ciudadela laberíntica, con un frondoso bosque circunvalándola, expandiéndose hasta donde alcanza mi vista desde ese punto tan elevado como es el presente. Hay veces que sonrío contemplando ese paisaje y otras en las que una lágrima de nostalgia recorre mis mejillas, de vez en cuando me veo en la altura dibujando paisajes que pudiesen haber sido si en vez de un camino hubiese cogido otro, pero, la verdad sea dicha, la mayoría de las veces tan solo subo a esta montaña para disfrutar de la vista, sin más.
Hace mucho que comprendí el sentido de la vida, que dejé el equipaje extra para caminar más cómodo por este sendero entre dos tierras, lo que fue y lo que será. Hoy me limito tan solo a caminar, intentado disfrutar y aprender de cada recodo de los caminos que se van abriendo frente a mí.
Es por eso que te escribo hoy, querido pasado, para decirte de nuevo, que aun no olvidándote he aprendido a vivir sin ti, tanto tiempo, que ya no soy quien tu recuerdas. Aun así tienes mi mano tendida, por que pese a todo, aunque hay cosas que cambian siempre, hay otras, que afortunadamente, no cambian jamás.

Otra vez por aquí

Y es que las malas costumbres nunca se pierden. Estos días he estado liado con el mundo real, ya saben sintiéndome parte de él, así que, como era predecible me he olvidado de pasarme por aquí, es más, sinceramente, ni he pensado en ello. Y es que esto de escribir en un blog, como todo en la vida, necesita de vacaciones de vez en cuando.
Es importante saber tomarse un tiempo de ausencia de muchas cosas, y eso no significa que sea por sentirnos agobiados ni mucho menos, pero si hay veces en las que debemos tomar cierta perspectiva de algunas facetas de nuestro día a día, y para ello lo mejor es desvincularse, tomarse unos días de descanso. Pasa con el trabajo, con la familia, con los amigos, con nuestra pareja y sobre todo con nosotros mismos.
De hecho creo que si a veces todos supiéramos tomarnos un tiempo “sin”, nos sería de mucho provecho. Solo la ausencia de algo, o de alguien, nos permite valorar su efecto en nuestra vida, como dice el antiguo refrán “No sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos”.
Lástima que muchas personas no sepan desvincularse de su entorno, porque cuando cometen el error de perder algo lo hacen para siempre, supongo que resulta difícil saber dónde esta el límite de unas vacaciones, sobre todo si nunca la hemos tomado.
La dependencia es un mal de hoy día, nos aferramos a algo o a alguien y no sabemos vivir si no es a través “de”.
Mucha gente, más de la que se cree, no podría vivir o se le haría realmente difícil vivir sin la monotonía en la que han afincado sus vidas, y no me malinterpreten yo soy un fiel seguidor de la monotonía, aunque como he dicho he aprendido que se puede vivir sin “muchas cosas” a pesar del apego que le tengamos.
Y supongo que eso es de lo que quería hablar en este post, de que quizás somos algo más que “un conjunto de cosas y personas alrededor”, que nuestra raza (la humana) es una de las adaptables que existen, nos llevamos toda nuestra vida en constante cambio, sin a veces ser conscientes de él. Cambiamos de amistades, de pareja, de trabajo, nuestros familiares mueren, parte de nosotros también, pero al final, lo único que realmente importa es seguir adelante, hasta el final. Porque el final siempre llega, ¿verdad?.
La cuestión es, como casi todo, el aprender a enfrentarnos al camino, el cual muta y cambia con cada paso.
La vida no es cuestión de optimismo, no creo que todo se arregle con “buenos sentimientos”, la vida es cuestión de supervivencia, de estar decididos a seguir sin esto o sin aquello, en definitiva, es tan solo cuestión de perseverancia.
Las vacaciones nos permiten volver a todo, sin duda, con mas fuerza y con una perspectiva renovada, a veces es cuestión de horas y otras de meses, pero al final, créanme, es mejor ausentarse por poco tiempo…. que para siempre.

Butterfly Effect.

Cada día que pasa empiezo a convencerme más de que las casualidades no existen. Eso no implica que crea en un destino ni en un dios, tan solo que me empiezo a plantear ciertas cosas de forma mas seria, y aunque soy de naturaleza bastante escéptico, una pregunta me ronda la cabeza... ¿y si...?
Puede que tan solo sea el inicio de la locura o la necesidad de buscar explicaciones a las cosas que pienso o a las que soy capaz de sentir, lo cierto es que quizás el aleteo de una mariposa en este lado pueda crear un huracan en el tuyo... y si es así, sin duda habré descubierto otro trocito de respuesta a esa eterna pregunta que llevo haciendome tanto tiempo... ¿quién soy?
Miro a tras y veo un camino que solo ahora tiene sentido, aunque mientras lo recorría parecía caótico, veo como hay demasiados aleteos de mariposa en mi pasado que me han conducido a mi presente, y pienso a veces en el futuro, aunque mi futuro siempre sea el ahora.
Dicen que pienso demasiado, pero no encuentro herramienta más idónea que ésa para llenar el vacío que parece haber en mi interior. Es mi forma de rebelarme, de no conformarme con lo que en teoría debería de estar conforme y que sin embargo, tanta indignación me produce.
No creo haber nacido para líder aunque si tengo segura una cosa, no he nacido para ser pastoreado, eso, seguro.
No te rindas, seas quien seas y aunque no seas nadie, no te rindas... nunca.

Una carta al olvido

Querido amigo, hoy quiero escribirte a ti, por que sé que hace mucho que no te hablo, quizás tanto como que no te miro a los ojos.
Quiero que sepas que aunque el tiempo hace mella en todo, que abate la mayor montaña convirtiéndola en una hondonada y que convierte en secadal cualquier mar abierto, no puede con toda su fuerza borrar tu huella en mi memoria.
Quiero que sepas que precisamente hoy, te he recordado, que de la misma manera fugaz que una mirada se cruza en un pudoroso instante, con otra mirada perdida, me he enfrentado, cara a cara, con ese surco en forma de cicatriz que dejaste hendido en mi pecho. Que no ha habido batalla en mi vida en la cual, tu ejemplo, no fuese inspiración en mis actos, ni lágrima en mi rostro ni rechinar en mis dientes de rabia que no susurrara tu nombre.
Amigo, amigo mío, hoy quiero convertir esta carta en misa y cada letra en una oración, y desfallezco, por que no hay palabras que puedan agradecerte tanto, en tan limitada forma de expresión como la escritura, ni tiene en mi mente la idea, forma que la defina en estos torpes caracteres…
Débil a veces siento este cuerpo que labré en esta guerra constante, heridas que se curan, heridas que jamás cicatrizaran, heridas casi olvidadas, heridas que en la noche gritan y otras que solo aparecen en el silencio, pero todas mías, a mi desgracia o suerte.
Amigo, que sin ti en mi pasado jamás hubiese sido hoy en mi presente, amigo mío, melancólico es tu recuerdo, tanto que amarga en mis dedos cada letra que te escribo, y sin embargo suena tu recuerdo a miel en mi memoria, por que sin ti no sería nada.
Tú estuviste conmigo, cuando más solo estaba, mientras que otros con sus labios intentaban infructuosamente apoyar mis desgracias tu fuiste bastón en mi brazo, cuando sedienta sentía mi boca de un oído que no juzgara, tu fuiste publico entregado y fiel a mis secretos menos confesados, amigo, amigo mío que lejano es tu recuerdo y sin embargo que cercana es tu presencia.
Cuando ellos murieron, cuando fui golpeado, cuando ella me abandonó, cuando la locura aullaba en mi cabeza y cuando cada lágrima hervía quemándome las mejillas, tú estabas ahí, a mi lado, inmutable al vaivén de hipócritas que me llamaban amigos y me convertían en la conversación de moda entre otros, cuando yo no deseaba audiencia en mis tristezas tú, amigo mío, colocabas tu capa por encima mío para protegerme de la fría mirada de los que, con sus buenas intenciones, me despezaban aun más.
Que libro te escribiría si con cada gota de sangre y lágrimas, derramadas en esta vida, que cayera en el papel, se transmutaran en una sola letra.
Amigo, hoy quiero recordarte que seguiré durante toda mi vida necesitándote, que no encontraré abrazo más sincero ni consejo mas sentido que el tuyo, que aunque tantas veces hablamos, era yo solo el que movía los labios, que aunque tantas veces te decepcione jamás me abandonaste ni buscaste ningún pretexto para irte antes de que terminara la canción de mis penas.
Amigo, amigo mío, hoy los demás me creen loco al escribirte estas líneas, y he de decirles que locos son todos aquellos que no pueden comprenderme, todos aquellos que no cuentan con un amigo como tú, siempre a su lado, sempiternamente dispuestos a ser apoyo en cualquier resquicio de este camino, amigo mío, pobres de aquellos que jamás te conocieron, que nunca podrán conocerte, pobres, si… de todo aquel que no encuentre en su interior esa dulce voz tuya… a la que yo llamo conciencia.

No olvides a los que no te olvidan.

Saborear algo esta bien, coger el sabor y retenerlo el mayor tiempo posible en nuestra boca, deleitarnos buscando el secreto de esa mezcla de sustancias es un ejercicio de autocomplacencia como cualquier otro. Recordar es como saborear, a veces lo retenido en la boca es de sabor dulce y otras amargo, pero siempre autocomplaciente. Siempre gusta por que es algo nuestro, algo que nos da satisfacción por ser parte de nosotros mismos. Nos enorgullece nuestra vida por que es nuestra, y de nadie más.
Compartir parte de nuestra vida, es compartir parte de nuestro alimento como personas, nuestro recuerdo no es más que el sabor de la memoria en el paladar de nuestra mente, olvidar es sinónimo de escupir en esta metáfora improvisada.
No olvides a los que no te olvidan, ve mas lejos, no olvides ni a los que te olvidaron ni todo el camino recorrido hasta llegar aquí, cada paso, cada mordisco a esa manzana que llamas vida es solo una parte indivisible de tu presente y futuro.
No vomites los momentos que no te gustan, porque algun nutriente tendrían para haberlos digerido en su momento, no importa que fuese un bombon de licor amargo, importa que una vez los ingeriste por pura hambre.
Y el hambre es parte de nuestra naturaleza, el perdón es de los dioses y el olvido tan solo de los necios e insensatos que estan condenados a repetirse.
No olvides a quien no te olvida, por que una vez fuisteis compañeros de viaje, aunque fuese un viaje corto, una escalera se sube peldaño a peldaño, saltarlos es un ejercicio de imprudencia que se puede saldar con algun hueso roto.
A veces me siento sin nada que hacer, y en mi boca se cuelan sabores lejanos, amargos y dulces, de ese alimento ingerido llamado vida, e intento no olvidar a quienes no me olvidan, incluso voy un poco más allá y procuro no olvidar a quienes me olvidaron.
Saborear el pasado es mi terapia para sentirme vivo, esos recuerdos son las especias con las que sazono aquello que hoy soy, y en su justa medida aquello que posiblemente mañana llegue a ser.
No os olvido, a niguno, tan solo os tengo en vuestro justo lugar, allí donde cada cual pertenece, unos en el rincon mas oscuro de mi baúl y otros os llevo en la solapa, pero a todos os reconozco el mismo mérito, sois parte de mí. Sois yo.

5 DE ENERO

Día mágico, al menos para los que se pueden permitir el lujo de mantener a ese niño que llevan dentro y dejarle salir a flote de vez en cuando, cada vez en menos ocasiones como va el mundo, pero quizás no importe tanto cantidad como calidad.
Hoy es un día que algunos nos merecemos, quizás por haber sido buenos todo el año o quizás por nuestro gran talento a la hora de falsificar las notas de nuestra vida, eso importa tan bien poco, a veces el efecto es más importante que la causa como en determinadas excepciones el fin pude justificar ciertos medios.
No es un día para los que perdieron la magia, ni un día para los que jamás la tuvieron, es un día para mantener viva la llama del anhelo, la cúspide de cualquier deseo, que no es el tener o el poseer, sino el sentimiento de esperanza que es prologo de su propia muerte, por que mañana todo habrá desaparecido ante la certeza del regalo material.
No es un día para los ansiosos o egoístas, que desean que pase rápido para tener sus manos llenas de algo tan frágil y perecedero como el plástico, los circuitos, la tela o la vil moneda.
El auténtico día de Reyes es hoy, hoy es el día en el que la esperanza inundó el corazón de, según cuenta la tradición, el corazón de tres Reyes para partir en busca de ella y poder ofrecerle sus respetos con tres regalo simbólicos que me permito el lujo de interpretar; el oro como la riqueza del momento, del presente, el incienso como la ofrenda a un dios que no es otra que dar gracias por tener la oportunidad de ciertos momentos y la mirra el ungüento embalsamador de la muerte para recordar que todo muere incluso el presente.
Disfrutar de este día, de este momento a sabiendas de que no habrá otro igual en nuestra vida es disfrutar de ser un niño, es disfrutar de la magia no del ilusionismo, porque tener ilusión nunca significó ser iluso.
A todos los que aun siguen siendo niños, a los que valoran más la sonrisa de sus seres queridos antes que la suya propia, a los que tienen el corazón lleno de cosas que dar sin esperar con ello un intercambio, a los que pueden vivir este día sin la necesidad de recurrir a la tradición cristiana pero participando de ella con el mismo valor, a los que creen que los buenos sentimiento no tienen copyright… feliz día, que disfrutéis de este instante de ilusión y que mañana podáis ver en los ojos de vuestros seres queridos ese momento de felicidad que podréis sentir reflejados en los vuestros, y que sin lugar a dudas, será vuestro mejor regalo de reyes.