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Responsabilidades

Esperanza es una palabra que otorga cierta credibilidad en la boca de aquellas personas que, pese a todo, siguen manteniendo cierta fe en que las cosas cambien. Aun así, a algunas personas esa palabra les produce cierto amargor en los labios cuando nadie las escucha y tienen tiempo de saborear sus propias palabras. Cuando se vive a oscuras cierto tiempo, cualquier luz se tarda más en vislumbrar más de lo normal, nuestros ojos no procesan correctamente esa información, es lo malo de no estar acostumbrado a las luces, cuando aparecen dan cierto temor.
Son malos tiempos, depende de para quién, muy malos.
Solo los más afortunados e ignorantes no son conscientes del estado caótico sobre el que, cada cual, baila a solas sobre una cuerda en el vacío. Poco público va quedando ya fuera del escenario, casi todos empezamos a formar parte de ésta obra de teatro donde el principal arco argumental es la supervivencia de un estilo de vida, quizás obsoleto desde hace mucho, pero aun lo suficientemente vivo como para no dejar de dar estertores mientras sucumbe. Y con cada estertor, un individuo, una familia o quizás una nación agoniza ante el dolor de no saber qué camino elegir cuando se han quedado sin caminos a seguir.
Siempre hay elección, el problema es que cuando creemos que no existe, la elección es crearla, construir nuevos caminos sobre el miedo a no tenerlas.
Seguimos faltos de empatía, prefiriendo otorgarnos el don de la solidaridad ante la maldición de ser cómplices por denegación de ayuda. Porque que nos pongan un pin en la solapa luce mejor que el lavarnos las manos en privado, de espaldas a nuestras propias responsabilidades.
No se puede vencer al miedo, no podemos enterrarlo en una tumba en el olvido, el miedo no es nuestra debilidad, es la prueba de nuestra fuerza, pues aun teniéndolo a nuestro lado, día a día, susurrándonos a cada instante, seguimos dispuestos a seguir hacia delante y si es necesario vivir con él a nuestro lado.
Los traidores en ésta guerra no nos venden por algo mejor, tan solo por su propia seguridad, por el miedo a cualquier cambio que les arrebate su propio status, no hay mayor diferencia entre ellos y cualquiera que decida seguir luchando que la de pensar en un bien común o en su propio bien.
Cuando posamos un pie en el camino, dice un proverbio indio, pisamos cien senderos, quizás es hora de ir creando nuevos caminos
O al menos de dejar de evadir nuestra responsabilidad como cómplices ante lo que se nos viene encima.
Quizás eso es lo que hacen los héroes, asumir sus responsabilidades.

El error de los elegidos o los elegidos por error.


Una imagen se me revela mientras escribo el título de este post, me veo a cinco militares en formación y al sargento pidiendo un voluntario, ante lo cual cuatro de ellos sin dudarlo dan un paso atrás, dejando en primera línea al gilipollas de turno, que será convertido, con el tiempo, en un héroe voluntario.
Y puede que la vida sea así, quizás nadie se atreva a ser un héroe y cuando alguno sobresale por ello no es cuestión de valentía, sino de que los demás fueron más cobardes (y astutos) que él a la hora de evadir sus responsabilidades.
La heroicidad es cosa de solitarios, o de tontos para la mayoría de los mortales, generalmente es una enfermedad de tontos solitarios que al no pensar como el resto de sus compañeros de fila no logra distinguir su instinto natural de dar un paso atrás y se queda parado. En este supuesto, el héroe no ha sido elegido por error, ha sido su propio error ( el desconocimiento de la cobardía de los demás) el que lo ha convertido en futura carne de cañón.
Esto ocurre más de lo que nos atrevemos (más por pura hipocresía que por ignorancia) a postular como hecho generalista, esa historia que todos conocen, contada, imaginada, leída o convertida en leyenda urbana, de aquél que esperando el respaldo del grupo se atreve a enfrentarse al peligro y mirando atrás un momento descubre que todos han salido corriendo, menos él, que por su confianza se ha convertido en “el héroe tonto de turno”, o futuro mártir de la memez.
Porque el ser humano ante todo destaca por dos adjetivos descriptivos, estúpidos y cobardes; fecundos padres de otros tales como la hipocresía, la envidia y si me apuran hasta la soberbia, podemos debatir esta afirmación hablando de lo bueno que el ser humano tiene en él, pero la historia, esa gran olvidada, nos abofetea con tanta crudeza que nos lleva a pensar que si seguimos siendo así sea quizás por no asumir cierta programación con la que salimos de fábrica.
Pero peor parte lleva el elegido por error, que es el individuo que pese a su propia cobardía, pese a ser consciente de la naturaleza humana es elegido por la mano del destino “aquí llamado sargento”, para convertirse en el peor héroe de todos, aquel que debe, sin serlo, dar pruebas constantes de su valentía para convertirse en “ejemplo” de los demás, y una vez finalizado su propósito, ser desterrado al olvido para mantener viva tan solo la memoria del héroe, sin el hombre cobarde y vulgar que realmente fue.
Un océano se compone de una cantidad de gotas de agua inmensa, en determinados momentos algunas fluyen por encima de las demás, pero no es su voluntad las que las empujan al cielo, sino tan solo la fuerza del viento y de la marea.
Al final, nuestros héroes, ambos de los dos descritos, tendrán su merecida tumba en el olvido y el sargento, posiblemente obtenga su medalla al valor.
Porque el mundo no necesita saber cómo se hace un héroe, tan solo necesita tenerlos.

Superhéroes (parte 2)

Una de las mejores cosas que exponen los cómics de hoy día es la ambigüedad del héroe y del villano, el hombre que ha dejado de ser simple de naturaleza. Ya no existen estereotipos de Superhéroe bueno e impoluto, ni de Supervillano malvado e incoherente,
Ambos no dejan de ser dos aspectos de cada personaje, el cual, por diversos motivos ha equilibrado ligeramente la balanza hacia uno u otro lado. Así, lo que diferencia a un héroe de un villano no son sus poderes o el uso que hacen de ellos, sino las circunstancias que lo han llevado por un camino determinado. Un gran poder conlleva una gran responsabilidad, ¿pero cual es el aspecto que determina la voluntad de hacer el bien o el mal?... si fuéramos capaces de descubrir eso gracias a un cómic posiblemente no existirían libros de psicología.
Las palabras de Ortega y Gasset quedan reflejadas en cualquier génesis de personajes, el humano normal posee una determinada personalidad marcada por su entorno, y es justo ese entorno inmediato el que le hará convertirse en una esperanza o una maldición para sus congéneres.
De nuevo no resulta fácil, como en la vida, poder clasificar el desarrollo de un Superhéroe, ya que al seguir una historia alternativa a nuestro mundo y aunque el discurrir del tiempo sea diferente al nuestro, eso no convierte a estos personajes en unilaterales, con diferentes sagas o historias, su personalidad se ve influenciada por sus actos y por su entorno, y según el guionista, el próximo giro podría ser determinante para su propia historia. Lo que convertirá esa experiencia en una moraleja que podrá oscilar entre una de tantas moralistas sobre el afán de superación, la esperanza, la fe, el encontrarse con uno mismo y su papel en el mundo o sencillamente puede terminar sin ninguna enseñanza, como en la vida real, las experiencias no son siempre de carácter educativo.
En el siglo 21, tras la muerte de Superhéroes universalmente aceptados como el Capitán America o Superman como estandartes de los más elevados valores o principios, el mundo heroico ha sucumbido a su naturaleza humana, han dejado de ser ideales para convertirse en seres con debilidades, que pueden sangrar, llorar o morir como cualquier ser real.
Los Superhéroes han entrado de lleno a formar parte de nuestras vidas como iconos de moda, en parte gracias a las superproducciones de Hollywood y en parte gracias a estos tiempos en los que cualquier tema clasificado como “friki” esta de moda.
Al trivializar el concepto de superhéroe de antaño, convirtiéndoles en regalos del Burguer King o en tazas en las tiendas de “20 duros”, les estamos arrebatando sus mejores poderes, sus principios, las razones por las que eligieron un camino u otro.
Dicen que para conocer a alguien hay que conocer su historia: el primer cómic de Superman se edito en 1938, los orígenes de Marvel se remontan al año 1939. Desde entonces se han ido sucediendo multitud de historias, cambios y evoluciones, han nacido y muerto muchos héroes y villanos, han tenido tiempos de crisis y de guerras civiles, han salvado el mundo en muchos aspectos, han motivado a la lectura a mucha gente y han servido de inspiración a muchas personas en diferentes aspectos de sus vidas, nada de esto se ve reflejado en el merchandising.
El superhéroe ha entrado a formar parte de nuestro subconsciente colectivo de igual forma que los mitos griegos, como ellos, forman parte de la fantasía popular, y como toda fantasía puede provocar la admiración o la risa.
Si vivimos en una época oscura y violenta, ellos se amoldan renaciendo de sus cenizas y mutan a seres más oscuros y complejos, como el canon estético, estos también son influenciados por el discurrir de la sociedad.
Han dejado de vestir coloridos trajes a favor del negro cuero, combaten la violencia con más violencia, son mas duros y realistas porque de no ser así el tiempo les vencería.
Aun así, siguen haciendo lo correcto, porque a veces lo correcto no significa lo “mejor”, como humanos que son están destinados a seguir luchando hasta el final o hasta su rendición.
La vida de un “hombre corriente” esta compuesta de los mismos elementos que cualquier historia superheroica, siempre es cuestión de tomar una decisión u otra. Solo que al final, nosotros somos a la vez dibujantes, guionistas y el propio personaje, a veces olvidamos nuestro cometido, nuestra razón de ser, podemos creer que el ser humano actual carece de principios, de moral, de empatia, pero reconocer eso significa reconocer nuestra propia rendición.

Quizás perdemos el tiempo esperando un salvador, mirando el cielo por si es surcado por capas o telarañas, puede que no vengan del espacio exterior o del GenX… puede que el mundo lo que necesite sea justo a ti, y que el único poder que dispongas sea el de tu voluntad. Puede que la señal que estas esperando sea ese sentimiento en la boca del estomago cuando ves que hay cosas que deberían cambiarse y nadie hace nada porque el miedo y el conformismo les han devorado hasta el tuétano de los huesos.
Si es así, bienvenido seas a un mundo que no quiere ser salvado y que aun así, esta deseando que llegues.
"Si hay algo que nos guste mas que crear mitos, es destruirlos."

Superhéroes (parte 1)

Algunas personas, bueno, sinceramente casi todas, no entienden mi fascinación por los superhéroes. Habitualmente es difícil etiquetarme como lector convencional de comics de este tipo, es más, me aburren las conversaciones mas puristas sobre este tema (normalmente puntualizadas con nombre de dibujantes, guionistas o rotulistas), creando ese sentimiento de frikis entre frikis.
Evidentemente conozco de sobra las diferentes etapas por las que han pasado personajes de DC y Marvel, llevo siendo lector de comics desde…. quizás, la etapa de Vértice (antigua editorial Española). Como a ciertos lectores adultos lo que atrae mi atención no es el aspecto físico, sino la carga psicológica de cualquier guión bien trazado y el perfil humano de cualquier héroe de papel, el cual con los años ha ido curtiéndose con las diferentes visiones de distintos dibujantes y guionistas.
Mis primeros valores, la base de mis principios quizás se la deba a estos, mi afición por la lectura debió nacer conmigo y los comics fueron el primer paso, los compañeros de viaje de mi propio camino por las letras y la imaginación.
Por desgracia mucha gente sigue viendo el cómic americano como una amalgama de señores disfrazados con mayas carentes de cualquier tipo de trascendencia, graso error, hablar de una saga de cómics es equivalente a hablar de personajes literarios como Jason y los Argonautas, La Illiada o cualquier clásico tan valorado por espíritus intelectuales.
Este tipo de comics siempre ha estado muy vinculado a diferentes aspectos culturales con multitud de referencias de todo tipo (científicas, sociales, etc) de nuestro mundo. En ellos siempre se ha visto reflejada la sociedad, desde los problemas de xenofobia hasta los atentados terroristas. Y el héroe, en este caso el superhéroe, no ha sido sino un reflejo de nuestras propias carencias o esperanzas, nos ha permitido ver como podría ser el mundo si algunas personas tuviesen el valor de salir disfrazados con mayas y capas a luchar contra la injusticia.
Una vergüenza, una utopía, un imposible, una locura.
Un superhéroe tiene una doble identidad, porque sabe que como persona esta destinado al fracaso, pero como ideal es incorruptible, ese es su mayor poder, lo que convierte al humano de a pie en algo más, en superhéroe, su razón de ser no es “castigar a los malos” sino dar esperanza a “los buenos”.
Mucha gente no logra entender esto, se queda en lo superficial, en los colores llamativos. No es capaz de ver más allá del mero entretenimiento de circo. En todo cómic hay extras, personajes no tan bien dibujados que solo sirven de relleno en ambos bandos. Incluso en eso aciertan a la hora de dibujar el mundo real.
No hay nada simplista en este tipo de historias, dejaron de serlo a principios de los 90, quizás por que este tipo de cómics no dejo nunca de ser leído por la misma gente y tuvo que madurar con ellos, los personajes de hoy día tienen los mismos problemas que cualquier persona, son un reflejo de la sociedad (quizás más que nada de la sociedad americana, aunque no hay muchas diferencias a gran escala), los mismos problemas de la vida real se ven ligados a estos héroes enmascarados (el paro, las drogas, la guerra, la política, la depresión, el estrés…). Y las grandes amenazas cósmicas no dejan de ser una metáfora sobre nuestro mundo actual, invadido quizás, no por Skrulls (extraterrestres verdes), sino por la desesperanza, la desidia y la falta de fé en nosotros mismos que nos han ido inculcando hasta convertirnos a todos en marionetas de algunos “supervillanos”.
No somos sino una parodia de nosotros mismos, que vemos cada noche en horario de prime time antes de irnos a dormir.
Hay tanto que decir que a veces nos olvidamos que también hay mucho que hacer.
Les dejo, he de ir a recoger las mayas y la capa de la tintorería, salvar al mundo y seguir buscando empleo, porque así he sido dibujado.
(próximamente…parte2)

Emilio Calatayud Pérez - Lección Magistral

Hay va un video que por lo visto hace tiempo que esta colgado, pero sin embargo he tardado en encontrar, afortunadamente lo he conseguido. Esta dividido en dos partes y resulta de gran interés para todas aquellas personas con ciertas inquietudes y preguntas hacia nuestro sistema "social", en referencia a los "menores". Ya sabeís que no soy de la opinión de colgar videos del youtube, sin embargo ciertos videos como éste no son el resultado de un capricho o de una cuestion de no saber que postear, sino un sentimiento de obligación hacia mi mismo el hecho de ayudar a su propagación. Espero sepaís valorarlo u os hagan recapacitar sobre lo en ellos expuestos. Un saludo.


Superhéroes sin disfraz.

Hoy he aprendido que no se conoce a la gente por lo que dicen o piensan, que eso es algo puramente circunstancial. Se conoce a la gente por justo aquello que nunca se conoce, por aquello que no se menciona o transmite a posteriori. Se conoce a la gente por la acción inmediata. Puro zen.
Cuando no hay tiempo de pensar en lo que se hace, cuando solo se actua por instinto, por reflejo involuntario, cuando perdemos la nocion de todo salvo del efecto inmediato a una causa concreta. Cuando el hombre normal se convierte en héroe o en villano. Sin necesidad de planes, superpoderes o mayas.
¿Qué hace que alguien en un momento determinado exponga su vida o integridad física por salvaguardar la de otra persona?
No es cuestion de principios, ni de moral, ni siquiera creo que tenga que ver con eso de ser buena o mala persona, demasiadas "buenas personas" optan a veces por la prudecencia ante ciertos momentos, o por la cobardía que no es otra cosa que cierto instinto de supervivencia, que no se enojen los cobardes.
Asi que, aunque he aprendido a diferenciar al autentico héroe del hombre normal, aun no se que es lo que hace que una persona normal deje de serlo y se convierta en algo más. Intento buscar razones, pero como en el zen, me resulta inexplicable, es como si en el mismo momento de explicar el ahora, este ya hubiese pasado y no valiese tal explicación. Quizás todo sea tan solo equilibrio, y como ser villano es mas "humano", el "héroe" se de por pura necesidad de equilibrio, sin más, por pura espontaneidad.
Sin embargo esta justo ahí, en ese instante tan sutil, donde yace el conocimiento de quién es quién, de como es alguien realmente, cuando surge esa acción inclasificable que rompe cualquier esquema.
¿Qué hace que una persona normal pase a ser extraordinaria?
Aun no lo sé, pero estoy en ello. Se admiten hipótesis.

Héroes, villanos y extras

A veces, los que suelen “alardear” de solitarios y fracasados tienden a olvidar, a favor de su status social de incomprendidos, sus pequeñas victorias. Es curioso como normalmente en el silencio de sus pensamientos comprenden lo necesario de su postura, ególatra eso si, sobre ellos mismos.

Disfrutan jugando con la ironía que creen más ingeniosa que el sarcasmo, aunque casi nunca sepan distinguir la una de la otra. Elevan un estandarte del cual cuelgan un harapo al que idolatran como religión verdadera, rezándole a diario oraciones tan confusas que nadie, salvo ellos y no siempre, entiende.

Y pese a eso, pese a “nuestro” egoísmo con el mundo, a “nuestro” sentimiento de Mesías mudo en una torre de Babel y a “nuestro” narcisismo pseudointelectual, vemos que hacemos mella en el destino de otros.

El sentirse solo no implica soledad, el vendernos como incomprendidos no implica que no nos comprendan, es más posible que no sepamos explicarnos.

Hay gente que se encierra en una torre de marfil, que mira desde su alto trono de vanidad el mundo y grita hacia abajo (creyendo, iluso, que alguien lo oirá) su profecía basada en su distante punto de vista.

¡¡A las armas!! Gritan los generales escondidos en sus puestos de mando, erigiéndose como estrategas de una guerra que nadie sabe por qué empezó, pero ellos se empeñan en ganar. Tan alejados del campo de batalla que hace mucho que dejaron de tener soldados y aun no se han dado cuenta.

Hay grandes hombres en la historia que son grandes tan solo por haber sido recordados por otros pequeños, que dieron su nombre al olvido y profanaron su propio recuerdo en la eternidad.

Los ideales no necesitan hermosas palabras que los engrandezcan, sino actos pequeños que se sacrifiquen para que estos sean grandes de verdad. Como la verdad, puede tener muchos caminos, pero una sola meta.

Algunos saben nadar en aguas poco profundas, otros hablan de nadar sin haber conocido jamás el agua, y otros callan porque están ocupados en nadar contracorriente.

Hay mucha gente en el mundo, algunos son llamados héroes, otros villanos, la mayoría parecen tan solo extras de hollywood, pero cada uno de ellos tiene una historia propia, una historia que quizás no sea recordada pero que aun así, forma la parte más importante de ésta. No existen medallas en el mundo real, no salvamos vidas siendo tan solo solidarios, no acabaremos con el sida con un lazo de color rojo. No limpiaremos nuestra conciencia culpando a otros, cada uno debe hacer lo que ha de hacer, tan solo por eso estamos en está tierra. Una tierra que abandonaremos algún día y de la cual tan solo nos llevaremos una cosa en la maleta… nuestros actos.

breve respuesta (un paréntesis)

(¿Aún estas realizándote esta pregunta? ¿Por qué?, algún día como ya han hecho otros encontraras tu propia respuesta y entonces, solo entonces, comenzará para ti la auténtica lucha. Y cualquier pregunta que te hayas hecho antes carecerá de sentido con las nuevas que encuentres, con las que te hagas en soledad o en compañía de un reflejo en el espejo, nadie dijo nunca que ciertos caminos sean fáciles, en toda guerra hay bajas. Ten cuidado dónde buscas pero no dejes nunca de buscar respuestas porque, dicen, solo el que busca haya, y cuando encuentres tu propio camino te darás cuenta que no importa el precio que tengas que pagar, ya que tu mayor satisfacción habrá sido escribir… tu propia historia.

Un saludo desde el otro bando.
No lances botellas al mar, escribe en el cielo)

¿Por qué?

Uno va dando vuelcos, cayéndose y levantándose, en una interminable espiral que se cierra sobre si misma. Y así vamos tirando, entre una eventualidad y otra, entre sonrisas y lágrimas, orgullo y menos precio, frustración y alegrías. Lo malo de los momentos malos no es otra cosa que la recapacitación, el pensar, el dar vueltas y vueltas a todo intentando buscar una solución. Porque este hecho nos lleva a descubrir cosas que mejor sería no haberlas descubierto, ya se sabe que el que busca, tarde o temprano, termina encontrando, aunque lo que halle no sea lo que esperaba.

Lo malo de cuando estamos en paro es justo eso, que nos percatamos de cosas que normalmente no llaman nuestra atención, lo peor es justo cuando esa situación de paro se alarga mas de lo que esperábamos y nos conduce a una vorágine filosófica de verdades y mentiras. Cuando llega ese vendaval, arrasa con todo. Y empezamos a construir una civilización de ideas sobre las ruinas de otras.

En la antigua Grecia debió existir mucho paro o al menos mucho tiempo de ocio que llevo a tantos a desarrollar los cimientos de lo que hoy conocemos como filosofía.

El arte de pensar cuya máxima impresión es justo lo contrario al arte, ya que las conclusiones que vamos sacando llegan a ser de todo menos hermosas obras maestras, mas bien serían los torpes garabatos de un anciano analfabeto y moribundo.

La condena que debemos sufrir aquellos que intentan llegar a algo en sus vidas, que marcaron metas a corto y largo plazo para con ellos y el mundo, terminan siendo, como en el mito de la caverna, la locura de un renegado que se atreve a decir que ha visto más allá de las sombras otro mundo posible. Porque dicha posibilidad jamás se dará, es un hecho que podemos constatar con nuestra historia; crucificamos a Jesucristo y de igual forma recluimos a “enfermos mentales” que hablan contra el sistema.

De igual forma, todos, nos lavamos las manos, aduciendo que bastante carga es ya el seguir un camino elaborado por otros como para tener, a estas alturas, que trazar uno propio.

Si nuestro corazón fuese el Mesías, sin duda, nuestra mente sería nuestro propio Judas. Mirad a los que se atreven a luchar, llevan espadas de cartón, que ilusos… Intentan derrocar gobiernos y ejércitos con palabras, cuando todos sabemos que solo la violencia puede cambiar las cosas. ¿De que sirven las palabras cuando no son escuchadas? ¿Cuándo el eco moribundo de nuestras súplicas a Dios, se desvanecen en nuestros propios oídos? ¿Qué me importas TÚ mientras YO tenga lo que quiero? ¿No es el Cielo la excusa del cristianismo para alimentar a los leones?

Que de desvaríos comete uno al escribir cuando salen sola las palabras empujadas por la frustración y la indignación, cuando habla la dignidad apuñalada por la espalda por otro, más digno que tu, qué servirá tu corazón en bandeja de oro a sus amos, para poder recibir una caricia en su lomo.

Impredecible son las letras, impredecible todas las circunstancias que conllevan a encontrar respuestas a una sola pregunta, tan difusa, tan irrisoria y esperpéntica como el que la hace….¿por qué?

Con está pregunta empezó todo, a consecuencia de ella se han creado revoluciones, se han levantado y se han destruido civilizaciones enteras. Con un por qué creamos a Dios y con esa misma pregunta lo destruimos en el siglo XXI, ahora, cuando ya no creemos en nada, cuando hemos perdido la capacidad de preguntar, de buscar respuestas nos hemos negado incluso a creer en nosotros mismos. Usamos y nos venden mil razones para no cuestionar, pero algún día alguien sin necesidad de convertirse en mártir de causas perdidas, alguien con el poder o con la convicción de una verdad tan arrolladora contra la cual ningún producto de este sistema pueda revocar, hará que te mires al espejo y empieces a ver, por una sola vez en toda TÚ vida… la respuesta a esa pregunta que nunca quieres hacerte y que tanto haces por acallar. ¿Por qué?

Hoy me repito, mañana quizás cambie.

Tengo frío, creo que como casi todo el mundo hoy, y no quiero abusar del aire acondicionado, para no acondicionarme demasiado. Son días fríos de invierno, días de esos en los que por mucha ropa que lleves sigues sin sentirte abrigado por calor alguno. Días llenos de noticias que te hacen sentir más frío aun; el cierre de servidores del emule por parte de la interpool en Alemania, este hombre que asesino a su novia después de salir en “El diario de Patricia”, que la gente que te rodea parece estar toda en el paro, que tengas que llevarte varias horas pasando pruebas, exámenes, entrevistas y perfiles psicológicos para un trabajo de 600€ al mes (y estar deseando de entrar), y sobre todo algo que casi nos pasa desapercibido por su evidencia, el mismo frío.

Cada día que pasa tenemos que ir combinando la ropa de invierno con la ropa de verano, pero eso, lejos de hacernos recapacitar sobre que está pasando realmente, solo queda en comentarios en la cola del banco o al camarero de turno para que resultemos más cercanos. A estas alturas empiezo a creer que el “primo” al que se refería Rajoy éramos nosotros, el conjunto de la sociedad española o quizás del mundo.

Imaginemos por un momento que en nuestras manos (como ocurría con el tiempo y Rod Taylor) estuviera el destino del mundo, de todo lo que pase en el futuro. No que estuviera en manos de Zapatero, Hillary Clinton si entra de presidenta, Superman o del Llanero Solitario, si no en las tuyas y en las mías.

¿Qué haríamos? ¿Todo lo posible por hacer de este un mundo mejor, como acérrimos idealistas ilusos, o sencillamente nos remitiríamos a la parte del mundo que nos concierne directamente y de forma más cercana?

Me gustaría dejar esta pregunta ahí, expuesta a las miradas de los que lleguéis a este blog (o seáis empujados a él). El mundo esta en guerra (no solo el mundo Marvel), por un lado están los que intentan en diversos frentes (a veces incluso en conflicto entre ellos mismos) hacer algo por cambiar las cosas y el resto que ya con intentar guiar sus vidas tienen suficiente, pues para lo demás ya pagan a los políticos. La utopía de luchar por un ideal tan noble como absurdo que es mejorar el mundo y nuestro futuro, o bien, mejorar nosotros mismos, cada cual bajo su propio criterio.

Hay gente que cree en el destino, otros que no creen en nada y algunos que creen tan solo en sí mismos, pero todos movemos nuestra vida guiados por un bando. Algunos incluso utilizan uno de ellos como excusa al otro.

Espero que alguien me sorprenda con la respuesta a ésta pregunta:

¿y tú, en que bando luchas?

¿Dónde están los luchadores?

Cada mañana leo el periódico, realmente varios periódicos, quizás para saber como va el mundo, dado que la televisión realmente la veo bien poco (si acaso un par de series), y poder tener mas nociones sobre el mundo que me rodea además de la que deduzco por lo que me va sucediendo.

Muchas cosas me gustaría contar hoy sobre esa aventura informativa, pero creo que me alargaría demasiado y resultaría confuso mezclarse temas como las secciones de empleo (evidentemente nunca hay empleos, salvo academias anunciando oposiciones o empresas fantasma con número móvil, si en infojobs son las ETTs son las que tienen todo el mercado laboral absorbido, en los periódicos pasa lo mismo con las academias de oposiciones), el por qué escribe siempre los mismos los artículos de opinión de varios periódicos diferentes (eso si bajo el mismo grupo editorial) o ese abanico de noticias tan dispares que suelen darnos cada día.

Evidentemente no podría escribir sobre tantas cosas sin (como es mi costumbre) abusar a cada momento de paréntesis explicativos. Así que hoy solo quiero meditar sobre un artículo que he leído que hablaba sobre los sindicatos o sindicalistas. Este señor, la verdad de muy buena forma, relataba la escasa implicación de los sindicalistas en sus labores propias, es decir lo poco que sacaban la cara por sus compañeros mientras “doraban la píldora” a los jefes, para poder seguir manteniendo su estatus de sindicalistas y contar con esos beneficios a la vez que con la gratitud de sus jefes.

Preguntaba este señor que dónde estaban aquellos dispuestos a luchar por sus derechos como trabajadores, que dónde estaba la unión para luchar contra esa especie de esclavistas modernos llamados empresarios y sobre todo por qué nadie hacia nada para combatir contra estas injusticias hoy día. Bueno, desde aquí quería responderle, de una forma concisa y clara; la gente que no quiere ser esclavizada, que aun tiene dignidad y sobre todo que no se deja pisar está (como usted bien intuye) en el paro. Estamos en Cádiz, vivimos en Cádiz, le recuerdo, una de las provincias si no la más, con mayor índice de desempleo de toda España la grande (que tan pequeña nos parece en estos tiempos). La gente de hoy día no lucha, no se une (salvo raras ocasiones y para realizar destrozos, piquetes de huelga, o poder seguir disfrutando de un trabajo fijo donde tocarse los hue.. y darse de baja a cada momento, o evidentemente para el botellon).

Mientras claro está lo de siempre, la gente con ganas de cambiar cosas, con cierto talento sin aprovechar (o desaprovechado) y con actitudes para hacer grandes cosas, siguen sin encontrar trabajo, en parte quizás gracias a los sindicalistas, padrinos y enchufes sin tensión que mueven el empleo en Cádiz.

No se coma usted el coco, al final, cada pueblo tiene ni más ni menos que lo que se merece.

Lo oscuro que habíta en nosotros

Lo oscuro, ese adjetivo sustantivizado con el que vestir esa parte de nosotros que permanece a solas consigo mismo, y que casi nunca tenemos la oportunidad de sacar a la luz. Se ha debatido tanto y tan poco sobre ello que se puede hablar aun más sin que consigamos llegar con la dialéctica más allá del principio. Porque lo oscuro es un traje unisex con el que cubrir la pudorosa vergüenza de no poder ser más de lo que somos, sin que más signifique mejor o peor. Nos encerramos o nos encierran en un cuarto oscuro donde ninguna luz brilla, donde no se atisba el verde color de la esperanza. Lo oscuro no es más que aquello que suprimimos o vemos suprimido “a consecuencia de”.

Secretos, sentimientos, talento, fantasías, perversiones, anhelos y deseos que forman parte de nosotros y que no podemos llevar puestos por cientos de cuestiones tan vagas como poderosas.

Es difícil enfrentarnos a esto, a nuestra propia oscuridad interior porque en nuestro afán por crear concepciones morales hemos catalogado todo lo oscuro con la falsa etiqueta de malo.

Y con ello, con el mero hecho de etiquetar los adjetivos, estamos siguiendo el vicioso círculo de seguir encerrándonos cada día en nosotros mismos y de perpetuar con ello el poderoso designio de una sociedad que intenta vestirnos a todos como un carnet plastificado. No somos un número, no somos objetos inanimados que se mueven con control remoto, no somos cobayas en un experimento sociológico… ¿o quizás si?

Yo pienso en mi lado oscuro (por derecho propio), como esa parte de mí que jamás podrá, o dejarán que pueda, salir a la luz. Porque en este mundo, ser uno mismo acarrea una serie de consecuencias de las que no podemos huir. Ser uno mismo implica no tener que estar de acuerdo con muchísimas otras opiniones, no poder cobijarse bajo el anonimato que te ofrece el abrigo de un colectivo, ni el beneplácito de ninguna organización, asociación, empresa o demás creaciones de bello solgan que tampoco están exentas de su lado oscuro. Ser uno mismo te lleva inevitablemente a una paradoja existencial; “yo contra el mundo” en la que tan simple ecuación, por muy compleja que sea su formula matemática siempre te hará perder.

No puedes luchar solo porque esto es una guerra que se mide por perdidas enemigas, y un ejército de un solo hombre nunca ganará ninguna batalla.

Por eso cada cual es su más acérrimo carcelero, y nuestra mayor condena es nuestro miedo a tener que luchar solos. Somos reos eternos amansados bajo la mentira de una libertad condicional que siempre es condicionada.

Así, de ésta forma, para poder seguir siendo aun sin llegar nunca a ser, deberás vestir tus poemas con rimas políticas, tus artículos bajo el gusto del populacho, tus ideas a juego con las de otros, tus conversaciones con el gris de la elocuencia, tu ropa con los colores de tu banda, y tu vida en general con el agridulce sabor del único camino que te dejen seguir. No has nacido para ser libre, has nacido para ser tan solo lo que te dejen o convenga que seas, recuerda eso siempre cuando, de nuevo, se te ocurra pensar en que tienes más opciones que la simple derrota.

Lo oscuro, nunca podrá salir a la luz, salvo en esas pequeñas excepciones tan únicas como perdidas en el tiempo, en las que, como un regalo, se te bendice con el don de ser tu mismo durante un fragmento de tu vida. Aprovéchalas.